Día 1: Viaje a Tarija (Reposo después de hospedarnos)
Día 2: Viaje a Tarija (Ruta del Vino: Visita a Bodegas)
Si. Definitivamente nos habíamos excedido la noche anterior. Habíamos acudido en la madrugada del sábado a una fiesta celebrada para culminar un congreso nacional de veterinaria (si la memoria no me falla) en el hotel Copacabana. El alcohol ingerido había cumplido su labor llevándonos a un lugar en que nada debíamos hacer.
Grosso error, pues allí me hurtaron casi todo el dinero sin que me diese cuenta. Así quedé al final solo con monedas en el bolsillo. Si fue un local o un foráneo no lo sé. Había entrado en conversación con muchas personas de diferentes departamentos de Bolivia y hasta extranjeros.
Avise de tal acto a mi amigo cuando el sol de la mañana ya estaba llegando y decidimos irnos a comer para calmar tal congoja. Yo lamentando mi imprudencia terminé dirimiéndome en el micro bus. Mismo que daba una nueva vuelta después de haber llegado a su parada al sur. Mi amigo me comentó de tal anécdota una vez bajamos muy al norte antes de que el motorizado llegué a su otra parada. Al parecer él había preguntado sobre algún mercado recomendable. Bajamos por sugerencia suya para dirigirnos hacía un mercado más rural que el central.
Luego de un abundante y delicioso desayuno en el singular mercado del que no recuerdo su nombre pero en el que si vi cholas y cholitas al parecer de las afueras de la ciudad, fuimos hacia donde estábamos hospedados (El Guadalquivir). Dormimos como máximo dos horas y recogimos nuestras pertenencias. El pago más bien ya lo habíamos hecho día antes en el hostal Guadalquivir que al final no terminó gustándome por como estaba acondicionado muy a pesar del buen trato de su recepcionista. Agotados y con una terrible resaca fuimos a dejar nuestras cosas al Guardaequipajes de la Terminal teníamos que ahorrar y solo costaba 3 Bs. tal servicio.
Ahora me suena muy gracioso. Pero en su momento me sentí incomodo. Pues fue mi amigo quién financió el resto del viaje con el poco dinero que tenía en su cuenta ce ahorros. Lo justo para nuestros pasajes, para comer por un día y de paso visitar San Jacinto.
Extraer el dinero le fue imposible en el cajero automático, a decir de él porque quería extraer todo su dinero y porque al final no le permitían tal acción. Fuimos a su banco. Yo esperaba afuera viendo como caminaban bellas tarijeñas por sus calles mientras yo no tenía ni para proponerles ir a tomar un café. Mi amigo regresó con buenas noticias. Teníamos lo suficiente para comer, para irnos hasta la represa de San Jacinto y para nuestros pasajes de retorno a La Paz.
Lo primero sin duda fue el ir a comprar los pasajes. Como no había estado mal el servicio de la flota San Roque decidimos volver a tomar sus servicios. Lo que nos pareció extraño fue que el precio no nos costaría 80.- Bs. como fue durante nuestra venida, sino 100.- Bs. El trato esta vez no fue tan bueno de los vendedores de pasajes. Al final compramos los pasajes para las 17:00 hora puntual al decir de ellos en que el bus partiría.
Rápido ya era casi el medio día. Fuimos a almorzar en el mismo lugar de día antes situado en la Av. Cochabamba. Lo hicimos caminando para ahorrar y de paso conocer mejor las calles (disq). El sol estaba ardiendo. ¿Castigo divino? Jajaja. Llegamos y pedimos los almuerzos con una buena soda. La cámara nuevamente se estaba cargando mientras nos lamentábamos lo de la madrugada anterior, pero no por eso no iríamos al menos a la represa de San Jacinto. No podíamos ya ir a tantos otros lugares que estaban en nuestros palnos, pero no por eso nos perderíamos el ir a comer cangrejitos.
Una vez más calmos nuestros vacíos estomacales fuimos otra vez a pie a buscar al micro bus que nos llevaría por 2.50 Bs. hasta la represa San Jacinto. Según los datos cada 20 min. salía la línea. ¿La dirección? Justo entre las calles Ingavi y Daniel Campos. Eran 6 km de recorrido. Casi 25 min. de viaje. Entramos. Pasó el viaje y ya estábamos en San Jacinto.
Grosso error, pues allí me hurtaron casi todo el dinero sin que me diese cuenta. Así quedé al final solo con monedas en el bolsillo. Si fue un local o un foráneo no lo sé. Había entrado en conversación con muchas personas de diferentes departamentos de Bolivia y hasta extranjeros.
Avise de tal acto a mi amigo cuando el sol de la mañana ya estaba llegando y decidimos irnos a comer para calmar tal congoja. Yo lamentando mi imprudencia terminé dirimiéndome en el micro bus. Mismo que daba una nueva vuelta después de haber llegado a su parada al sur. Mi amigo me comentó de tal anécdota una vez bajamos muy al norte antes de que el motorizado llegué a su otra parada. Al parecer él había preguntado sobre algún mercado recomendable. Bajamos por sugerencia suya para dirigirnos hacía un mercado más rural que el central.
Luego de un abundante y delicioso desayuno en el singular mercado del que no recuerdo su nombre pero en el que si vi cholas y cholitas al parecer de las afueras de la ciudad, fuimos hacia donde estábamos hospedados (El Guadalquivir). Dormimos como máximo dos horas y recogimos nuestras pertenencias. El pago más bien ya lo habíamos hecho día antes en el hostal Guadalquivir que al final no terminó gustándome por como estaba acondicionado muy a pesar del buen trato de su recepcionista. Agotados y con una terrible resaca fuimos a dejar nuestras cosas al Guardaequipajes de la Terminal teníamos que ahorrar y solo costaba 3 Bs. tal servicio.
Ahora me suena muy gracioso. Pero en su momento me sentí incomodo. Pues fue mi amigo quién financió el resto del viaje con el poco dinero que tenía en su cuenta ce ahorros. Lo justo para nuestros pasajes, para comer por un día y de paso visitar San Jacinto.
Extraer el dinero le fue imposible en el cajero automático, a decir de él porque quería extraer todo su dinero y porque al final no le permitían tal acción. Fuimos a su banco. Yo esperaba afuera viendo como caminaban bellas tarijeñas por sus calles mientras yo no tenía ni para proponerles ir a tomar un café. Mi amigo regresó con buenas noticias. Teníamos lo suficiente para comer, para irnos hasta la represa de San Jacinto y para nuestros pasajes de retorno a La Paz.
Lo primero sin duda fue el ir a comprar los pasajes. Como no había estado mal el servicio de la flota San Roque decidimos volver a tomar sus servicios. Lo que nos pareció extraño fue que el precio no nos costaría 80.- Bs. como fue durante nuestra venida, sino 100.- Bs. El trato esta vez no fue tan bueno de los vendedores de pasajes. Al final compramos los pasajes para las 17:00 hora puntual al decir de ellos en que el bus partiría.
Rápido ya era casi el medio día. Fuimos a almorzar en el mismo lugar de día antes situado en la Av. Cochabamba. Lo hicimos caminando para ahorrar y de paso conocer mejor las calles (disq). El sol estaba ardiendo. ¿Castigo divino? Jajaja. Llegamos y pedimos los almuerzos con una buena soda. La cámara nuevamente se estaba cargando mientras nos lamentábamos lo de la madrugada anterior, pero no por eso no iríamos al menos a la represa de San Jacinto. No podíamos ya ir a tantos otros lugares que estaban en nuestros palnos, pero no por eso nos perderíamos el ir a comer cangrejitos.
Una vez más calmos nuestros vacíos estomacales fuimos otra vez a pie a buscar al micro bus que nos llevaría por 2.50 Bs. hasta la represa San Jacinto. Según los datos cada 20 min. salía la línea. ¿La dirección? Justo entre las calles Ingavi y Daniel Campos. Eran 6 km de recorrido. Casi 25 min. de viaje. Entramos. Pasó el viaje y ya estábamos en San Jacinto.
Un paisaje único aún a pesar de que el nivel del agua se encontraba bajo y la represa no se veía en toda su majestuosidad. Faltaba el esplendor de la caída de una cascada artificial, pero no eran épocas. Según, en octubre o noviembre se veía a la represa en toda su majestuosidad. De todas formas la agradable calma invadía el lugar. Muy poca gente visitando como nosotros. Un par dando un paseo en bote. Otros comiendo en las modestas casetas populares. Pescados y Cangrejitos el menú.
Cangrejitos era por lo que fuimos y fueron cangrejitos lo que comimos...
Aunque mejor dicho fue lo que yo comí. Mi amigo no se animó. Se asustó al final pues los cangrejitos se freían enteros. Una vez la orden de chicharron de cangrejitos en mesa agarre a los bichitos, jugué, y al final engullí. Las muecas de mi amigo se pueden ver en el vídeo. Una experiencia sin duda, pero para mi gusto los cangrejitos muy empalagosos y con cierto sabor a mantequilla, no más. Claro Tenían el típico olor de las especies marinas. Si, no pude acabar y bueno como el viaje de regreso a La Paz era laaargo y ya no quedaban más que 10.- Bs. en bolsillos ajenos, nos prestábamos a regresar. Además ya eras casi las 16:00.
El paisaje para despedirnos era el de una pareja pescando a los pies de la represa. Yo nunca había vivido experiencia similar y deseaba vivirla, pero los recursos me devolverían a la triste realidad. Pero sorpresa. Cuando llegamos a la parada y estaba llegando un coche que partiría luego. Nos saludó un tarijeeeño, a quién le pregunté por la pinta de pescador si iría a pescar. Él dijo que si y de paso nos invitó a ver de que va la cosa. Rogamos al amigo chofer del vehículo que toque bocina antes de salir. Aceptamos la invitación de nuestro nuevo amigo Franz Albornoz el veterinario pescador. Un deleite fue charlar con él a pesar que nos recordó lo del encuentro de veterinarios y la dichosa fiesta. Aprendimos siquiera un poquito sobre pesca con caña. Nos invitó las famosas uvas borrachas. Deliii. Gozamos de paz mientras nos conocíamos y concertamos una cita para pescar cada uno con caña en mano en la próxima ocasión que volvamos a Tarija.
Gracias Franz Albornoz, amigo. Lo dijiste y lo demostraste la primera palabra que aprende el tarijeño es amigo.
Preocupados nos despedimos. El micro bus no tocaba bocina. Una vez en camino de asfalto. Vimos que el coche ya había avanzado más de cien metros. Asustado corrí como Gacela a pesar de que parecía imposible alcanzar al vehículo. Gracias a la fortuna el coche paro. Pero no por nosotros sino por una señora quién estaba subiendo. Eras las 16: 40 y si no tomábamos tal motorizado no alcanzaríamos a la terminal y por ende nuestro futuro se veía negro por la cantidad de recursos financieros que poseíamos. Agradecimos a la señora y le contamos nuestra situación. Le reclamamos al chofer, el se disculpo con nosotros.
Pero las venturas por no decir desventuras no terminarían allí. El coche se plantó. El motor había fallado. 5min después apareció un taxi quién aceptó nuestro pedido clamoroso de llevarnos hasta la terminal de buses por 3.- Bs/persona. Llegamos 17:08. Dos minutos después la flota partió.
Lástima que en la flota San Roque el trato haya sido tal para con un señor quién estaba en una situación peor que la nuestra. Se había quedado sin nada después de haber ido a Tarija en espera de obtener un trabajo. Los ayudantes que controlaban los talonarios de pasajes lo echaron. Hubo quién quiso pagar la mitad del pasaje del señor. Otros que querían ayudarlo gritando “que se quede” pero en una nada y sin escuchar estos señores de la flota San Roque lo echaron al señor después de humillarlo.
Minutos después subía un niño de la calle quién contó chistes para luego pasar a vender golosinas. Entre mi amigo y yo juntamos nuestras últimas monedas de 50 ctvs. Para hacer 1.- Bs. y dar tal tributo en agradecimiento por haber salido finalmente bien parados de nuestra aventura. Celebramos nuestra fortuna y agradecimos en llanto a Tarija con unos yogures en bolsita además del caramelo. Nuestros únicos alimentos en 15 horas de viaje.
Tarija no sabes cuánto deseo volver Tarija desde aquel mayo. Te agradezco por tamaña experiencia de vida. Por ser no haber sido un viaje más.
Preocupados nos despedimos. El micro bus no tocaba bocina. Una vez en camino de asfalto. Vimos que el coche ya había avanzado más de cien metros. Asustado corrí como Gacela a pesar de que parecía imposible alcanzar al vehículo. Gracias a la fortuna el coche paro. Pero no por nosotros sino por una señora quién estaba subiendo. Eras las 16: 40 y si no tomábamos tal motorizado no alcanzaríamos a la terminal y por ende nuestro futuro se veía negro por la cantidad de recursos financieros que poseíamos. Agradecimos a la señora y le contamos nuestra situación. Le reclamamos al chofer, el se disculpo con nosotros.
Pero las venturas por no decir desventuras no terminarían allí. El coche se plantó. El motor había fallado. 5min después apareció un taxi quién aceptó nuestro pedido clamoroso de llevarnos hasta la terminal de buses por 3.- Bs/persona. Llegamos 17:08. Dos minutos después la flota partió.
Lástima que en la flota San Roque el trato haya sido tal para con un señor quién estaba en una situación peor que la nuestra. Se había quedado sin nada después de haber ido a Tarija en espera de obtener un trabajo. Los ayudantes que controlaban los talonarios de pasajes lo echaron. Hubo quién quiso pagar la mitad del pasaje del señor. Otros que querían ayudarlo gritando “que se quede” pero en una nada y sin escuchar estos señores de la flota San Roque lo echaron al señor después de humillarlo.
Minutos después subía un niño de la calle quién contó chistes para luego pasar a vender golosinas. Entre mi amigo y yo juntamos nuestras últimas monedas de 50 ctvs. Para hacer 1.- Bs. y dar tal tributo en agradecimiento por haber salido finalmente bien parados de nuestra aventura. Celebramos nuestra fortuna y agradecimos en llanto a Tarija con unos yogures en bolsita además del caramelo. Nuestros únicos alimentos en 15 horas de viaje.
Tarija no sabes cuánto deseo volver Tarija desde aquel mayo. Te agradezco por tamaña experiencia de vida. Por ser no haber sido un viaje más.





